Los Mexicas y su Escultura

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El pueblo mexica se ostentaba como originario de la región mitológica de Aztlán, “lugar de las siete cuevas”. Después de peregrinar por más de 200 años, en el año 1325 d.C. encontraron su destino final; el lugar donde encontraron el signo de la profecía de Huitzilopochtli, un águila posada sobre un nopal mientras devoraba a una serpiente.

La época mexica abarcó de 1250 a 1521 d.C., el militarismo y la guerra permearon todas sus actividades. Sobresalientes escultores, trabajaron hábilmente el jade, el oro, la plata y el cobre para elaborar ostentosas joyas y adornos con representaciones de sus dioses.

La mayor colección de escultura mexica se encuentra auspiciada en la sala más grande del Museo Nacional de Antropología. Destaca un monolito cilíndrico con un fino relieve del Sol, rodeado por representaciones de las conquistas de los principales pueblos vencidos por los poderosos ejércitos de Tenochtitlán.

El monumento escultórico que por excelencia identifica a los mexicas es la Piedra del Sol, un disco de basalto con inscripciones alusivas a la cosmogonía mexica, mide 3.60 metros de diámetro, 122 centímetros de grosor y pesa 24 toneladas.

Construida en 1479, fue enterrada durante la Conquista y permaneció así hasta que fue descubierta en el Zócalo de la Ciudad de México, en diciembre de 1790. Actualmente, se encuentra gloriosamente expuesta en el Museo Nacional de Antropología e Historia y está inscrita en diversas monedas mexicanas.

Por su contenido simbólico, en el que se advierten los nombres de los días y los soles cosmogónicos, se le llama injustificadamente Calendario Azteca. Se trata de un gran altar de sacrificio que no fue concluido debido a una profunda ruptura, desde un lado hasta el centro de la pieza. Estas creaciones en piedra servían como altares de los encuentros entre prisioneros y guerreros, en ellas se realizaba el sacrificio humano y el desollamiento de las víctimas.

En el centro de la Piedra del Sol se encuentra el astro rey con sus garras apresando un corazón humano y su lengua es un cuchillo, expresando la necesidad de sacrificios para la continuidad del movimiento solar. Lo rodean las cuatro eras que antecedieron al Quinto Sol, inscritas en la secuencia de los veinte días; enmarcados con los cuatro rayos del sol y púas de sacrificio. Rodean al astro las dos serpientes de fuego que lo llevaron por el universo.

Probablemente era llamado en náhuatl “Ollin Tonatiuh”, traslación solar. Lo que evidencia la visión geocéntrica de esta gran civilización. Contiene pictografías que representan la forma en que los Mexica medían el tiempo, tras siglos de observación astronómica.

En la Piedra del Sol se representan los cuatro puntos cardinales y el 4 Jaguar, el día en que la primera era terminó, al surgir de las entrañas de la tierra los monstruos que devoraron a las personas. El 4 Viento está presente para recordar que tras 364 años de huracanes, las personas que no murieron se convirtieron en monos. 4 Agua duró 676 años y terminó cuando todos fueron apresados por el agua y se convirtieron en peces.

Para los dirigentes mexicas, era muy importante dejar testimonio de su existencia, por lo que reconstruyeron varias veces su Templo Mayor, decorándolo con esculturas humanas, serpientes, águilas y jaguares. Así mismo, labraban lápidas con fechas conmemorativas, en las que inscribían sus hazañas.

Realizaron esculturas monumentales para comunicar sus leyendas religiosas, como la de la monumental cabeza de la diosa lunar, que narra la historia de cómo fue vencida por su hermano, el Sol. Hoy se encuentra orgullosamente exhibida en el Museo del Templo Mayor.

En muchas de estas esculturas se encuentran imágenes relacionadas a la muerte y el inframundo, presentando esqueletos con manos como garras de animal listas para el ataque, quienes regían el inframundo, el destino final donde perdemos la piel y sólo nos quedan los huesos.

De Tláloc, el dios de la lluvia, queda una impresionante máscara con enormes colmillos en una boca monstruosa. Él se asociaba con otros fenómenos naturales, como el rayo y el trueno. Se creía que este dios guardaba el agua en ollas sagradas que ellos esculpían de rocas volcánicas, siempre decoradas con la máscara de Tláloc.

Los Mexica empalmaban tiras de barro para hacer vasijas con detallados diseños geométricos. Esta cultura todavía no conocía el hierro ni el bronce. Sus herramientas estaban hechas de obsidiana y para el tiempo de la Conquista Española, habían comenzado a experimentar con el cobre. Labraban piedras para la construcción, utilizando una cuerda y un abrasivo hecho con arena y agua. Sus hachas estaban hechas de láminas de piedra unidas a palos de madera.

Los Mexica produjeron monumentales esculturas de piedra con una excelente capacidad de abstracción, así como un realismo que revela el carácter interno y externo de las deidades, animales o personas que representan. La mayoría de sus esculturas estaban destinadas a la decoración arquitectónica y a altares de sacrificio humano, donde guardaban los corazones y la sangre de las víctimas.

Artículo Producido por el Equipo Editorial Explorando México.
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Foto: Islc.net