La Legacía de Luis Nishizawa

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Hijo del japonés Kenji Nishizawa y la mexicana María de Jesús Flores, Luis nació en la Hacienda de San Mateo, municipio de Cuautitlán, Estado de México, en febrero de 1918.

En 1925 se mudó con su familia a la Ciudad de México, donde estudió música y creó joyería. En 1942 ingresó a la Academia de San Carlos, donde fue estudiante de Julio Castellanos, José Chávez Morado y Alfredo Zalce. En 1947 se graduó con el título de Maestro en Artes Plásticas e ingresó como docente a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde a sus 90 años de edad, continúa compartiendo sabiamente sus técnicas con ya muchas generaciones de artistas.

Formó parte de la vocación nacionalista de la Escuela Mexicana de Pintura, pero se ha abocado a ampliar su tendencia a un arte libre, abarcando desde el expresionismo hasta el abstraccionismo.
Su obra plasma magistralmente la unión de sus raíces mexicanas y japonesas, hábilmente transmitiendo emociones con coloridas figuras. Ha sido muralista, pintor de caballete, dibujante, vitralista y escultor.

Entre las múltiples condecoraciones que ha recibido, Nishizawa fue nombrado Maestro Emérito y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de México, recibió el Premio Nacional de las Artes, es Miembro Numerario de la Academia de Artes y Miembro del Sistema Nacional de Creadores de del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; además, Japón lo nombró “Tesoro Sagrado del Dragón”.
En 1992, reconociendo su legado artístico al patrimonio cultural nacional y su labor docente durante más de 50 años, el Estado de México creó el Museo-Taller Nishizawa.

Su primera invitación al color la recibió de forma trágica, asombrado por los colores de las flores que decoraban el ataúd de su hermano; el intenso amarillo de esa imagen lo persigue siempre al pintar.

Sus primeras obras se apegaron a los temas de los grandes muralistas, hasta que sus propios caminos lo llevaron al abstraccionismo absoluto para alcanzar la figuración poética. Afirma que quienes más han influido en su obra son José Clemente Orozco y Rembrandt. También ha explorado el arte poético del haikú, plasmando esa fórmula de la brevedad en una famosa serie de veinticinco cuadros.

Entre las cientos de obras de este magnífico pintor, sobresalen Nocturno, Mirasoles, El sueño del niño bobo, La pasión de Iztapalapa, Retrato de María, Mi hijo Gabriel, Mi pequeña Adriana y Autorretrato y un mural de cerámica que realizó en Keisei, Japón; en todas ellas exhibe un juego de la irrealidad con la cotidianeidad en un intento de sintetizar el pensamiento humano.

Es reconocido como uno de los principales paisajistas mexicanos y por la sutileza con la que plasma la atmósfera y la textura.

El Museo Nacional de San Carlos realizó una importante exhibición de sus obras, titulada “De paisajes y sueños. Luis Nishizawa 1918-2008”, mostrando la larga y fructífera trayectoria de este magnífico creador a lo largo de sus 90 años de vida. Esta muestra estuvo integrada por retratos de la geografía mexicana, en especial de los famosos volcanes del Valle de Anáhuac; aunados a una serie de dibujos en tinta de gran formato que creó entre 1970 y 1972, y un grupo de diseños expresionistas titulados “Las vacas flacas y los sueños rotos” que plasman su vena introspectiva y sombría. Utilizó la técnica de dibujo japonés, con papel y tinta distintos a los materiales mexicanos.



Artículo Producido por el Equipo Editorial Explorando México.
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